El próximo domingo 9 de marzo España celebra elecciones generales, una contienda de donde saldrá elegido un presidente. Los dos posibles ganadores son Zapatero y Rajoy. A pesar de que hay más opciones, el 80% de los votantes elegirá a uno de estos dos candidatos. Y es una pena, porque ninguno de los dos me termina de convencer. El presidente actual, Zapatero, se presenta como una opción más liberal, progresista, mientras que el otro es un conservador en toda regla, “de derechas” como se dice actualmente. Sin embargo, ambos mienten. ¿Qué significa ser liberal, progresista? ¿Qué significa ser de derechas? Patrañas, sólo eso.

Ayer, leyendo propaganda política de Izquierda Unida (otro partido, de ideología comunista, o eso dicen aunque seguro que no saben lo que dicen), decidí que no quiero votar a nadie que tenga ideología. Sé que suena un poco raro, porque la ideología es, normalmente, lo que nos identifica con un candidato determinado. Pero pensándolo mejor, no quiero ideología en el estado que gestiona mis recursos. Lo que quiero es elegir un gestor administrativo que sea capaz de resolver los problemas que el día a día nos presenta a todos y que tenga la sabiduría de planificar el mejor futuro para el conjunto de la sociedad. Nada más. ¿Está a favor o en contra del aborto? Me da igual, sus opiniones personales tienen que quedar fuera del lugar de trabajo, en este caso, la casa de gobierno.

Lo que necesitamos es una persona que administre la sociedad completa, que tome decisiones en favor del bien comun, aplicando el sentido comun y que no permita que sus ideas personales nublen su juicio. Sobretodo, porque sus decisiones se pondrán en marcha con el dinero de todos. Que anuncie leyes en donde TODA la información sea clara, ya que normalmente nos ocultan datos y para entender bien qué ocurre hay que leerse los textos legales enteros.

A pesar de todo esto tendré que votar a alguien. Ninguno me gusta, todos guardan secretos desagradables y persiguen intereses de poder personales. En España el voto no es obligatorio (de hecho, en una verdadera democracia el voto debe ser optativo, de eso se trata la democracia, de la libertad). Pero no quiero dejar de votar, me siento responsable de elegir a nuestros representantes. El problema es a quién votar.

Saludos,
Fede

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