diciembre 2008


Si bien algunos ya estamos de vacaciones desde el viernes pasado, ayer hicimos un festejo familiar en las oficinas de Akamai. Todos los que tenemos hijos los llevamos para que jueguen y disfruten de otra forma el espacio que tenemos en la oficina, que no sólo sirve para trabajar, como ellos han demostrado.

En este album de Picasa dejo algunas fotos. Mientras tanto, yo me voy a disfrutar de estas 2 semanas de vacaciones de invierno, que vienen muy bien para desconectar, cerrar el año de forma relajada y vivir intensamente estas fechas en familia.

Niños en Akamai

Un abrazo,
Fede

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Estoy un poco cansado ya de tanta mentira, tanta hipocresía y tanta falsedad. La situación que se vive en estos días alrededor del mundo entero es curiosa y atractiva desde un punto de vista analítico, aunque denota la miseria humana que todos emanamos.

Una situación un tanto irritante para mi es tener que explicar una y otra vez la verdad sobre las noticias que los medios de comunicación argentinos vierten sobre la situación en Europa en general y en España en particular. Cada vez que viene alguien de visita me cuenta unas fábulas dignas de la ciencia ficción. Yo pude comprobar con mis propios ojos cómo los noticiosos que se emiten en Buenos Aires, aquellos que yo veía siempre, tergiversaban las noticias sobre España para que parezcan tremendas y temibles. Quedé atónito al ver cómo se emitía un programa especial sobre el caso del subnormal que golpeó a una chica en el tren de Barcelona por el hecho de ser inmigrante. Lo que nunca se dijo en ese programa especial es que ese delincuente estaba preso a dos días de haber delinquido. El caso es que el objetivo es que los argentinos que viven en Argentina piensen que Europa y España son lugares oscuros, donde todo el mundo muere de hambre, la crisis azota sin piedad y los que vivimos aquí no hacemos más que rezar a San Kirchner para que nos salve de los malvados y xenófobos españoles.

En primer lugar, me sentiría mejor si los medios argentinos dedicasen más tiempo a Argentina, que lo necesita, en lugar de mirar hacia afuera. Desafortunadamente los argentinos somos especiales en mirar hacia afuera. En segundo lugar, desde aquí digo a todo el mundo: NO SE CREAN LO QUE SE DICE POR AHÍ. Siempre hay segundas intenciones, es triste, pero es así. Que otros estén peor no significa que nosotros debamos ignorar lo que sucede a nuestro alrededor.

Los comentarios sobre el supuesto racismo de los españoles para con los inmigrantes son lo que más risa me provoca, porque recuerdo la forma en que los argentinos tratamos a los peruanos, paraguayos, bolivianos, chilenos. Ni que hablar sobre la forma en que los porteños tratamos a los cordobeses, los santiagueños, los tucumanos, los chaqueños, los formoseños. No sigo porque podría nombrar todas las provincias. Por favor, un poco de humildad y contrición.

Un abrazo,
Fede

Esta es una técnica que le enseñaron a Matías en la guardería para ponerse su abrigo. Es curioso, pero los niños lo aprenden rapidísimo.

Saludos,
Fede

 

Matias y yo en el sofá

Matías y yo en el sofá

Esta mañana surgió el típico debate sobre pegarle a los niños, si es bueno o no. Me gustan estos debates porque sacan a flote la verdadera miseria humana, la hipocresía, la doble moral y todo tipo de excreciones similares tan tradicionales en el ser humano. Personalmente creo que es un tema de fácil resolución: la violencia nunca está justificada y menos cuando es dirigida a un niño. En primer lugar, pegarle a un ser indefenso me parece un acto de cobardía. Más aún, cuando se trata de un niño, quien no sólo está en inferioridad de condiciones tanto físicas como intelectuales. Un menor no tiene la capacidad de discernir ciertas cosas como se presupone en un adulto. Eso para empezar a hablar. En segundo lugar, decir que un chirlo es un correctivo leve, que no es pegar, me parece otro acto lamentable de justificación patética. Pegar es pegar, no importa la intensidad. Con ese argumento, dar una bofetada a un compañero de trabajo estaría justificado en un gran número de situaciones, total, es tan solo una bofetada. Intentémoslo y veamos las consecuencias…

 

Creo fervientemente que un chirlo, una colleja, una bofetada, un cachete y demás son, simplemente, un instrumento que evita la parte complicada: educar. Los padres tenemos la responsabilidad de educar, de transmitir las herramientas necesarias para que nuestros hijos sean capaces de tomar decisiones con criterio, con argumentos sólidos, razonadas. ¿Eso es una bofetada? ¿Es un acto razonado, con argumentos sólidos y la decisión tomada luego de meditar sobre el acto que la incita? ¿Se nota que estamos empezando a debatir sobre el absurdo o tengo que seguir?

Sin embargo, aún mucha gente considera que un chirlo a tiempo es un gran remedio. Yo nunca le he pegado a Matías, espero no hacerlo nunca. Desde luego, lucharé con todas mis fuerzas para que mi lado más bárbaro no se apodere de mí y pierda los nervios de tal forma que llegue a una situación de la que me arrepentiré toda mi vida. También estoy convencido de que la forma correcta es intentar explicar siempre, tantas veces como sea necesario, lo que está bien y lo que está mal. “Es que se lo he dicho ya 30 veces”, pues dilo 31 si hace falta. Desde luego, las explicaciones siempre tienen que ir acompañadas de un argumento sólido, no vale eso de “no hagas esto porque lo digo yo”. Vale, yo soy tu padre, pero aún así a todos nos gusta saber porqué no debemos hacer algo. No es fácil, en concreto Matías no hace mucho caso que digamos, aunque le doy el margen de que tiene 2 años y todavía no entiende muy bien lo que le explicamos. Otro punto importante, en mi opinión, es que las cosas hay que explicarlas aunque pensemos que no entiende. Yo le explico todo a Matías desde que nació, absolutamente todo, intentando hacerlo en términos comprensibles para él. Sé que será más difícil cuando pueda ser él quien pregunte más e indague sobre temas escabrosos, pero yo intentaré siempre explicar. 

Por último, no nos olvidemos de que nuestros hijos son nuestros primeros imitadores, tal y como demuestra la foto que puse… No importa si nos llevamos mal o bien con ellos, si tenemos una relación profunda o distante, simpre, en todos los casos, de una forma o de otra, nos imitan. Cuando hablo de imitar no me refiero únicamente a que copian, sino que todo lo que ven y escuchan de nosotros afecta a su comportamiento futuro. Por ello, los primeros que debemos ser fieles a nuestros principios y a nuestras ideas somos nosotros mismos, los padres. Desde el día que nace nuestro hijo, tenemos la responsabilidad de ser cada día mejores porque tenemos un par de ojos que nos vigilarán el resto de nuestras vidas. Además, esto ocurre en los momentos menos pensados. Lo que decimos frente al televisor, las opiniones que soltamos sobre nuestros jefes o nuestros compañeros de trabajo, la forma en que tratamos a nuestra pareja, a nuestros padres, a nuestros hermanos, el trato que damos al resto de quienes nos rodean. Si nosotros faltamos el respeto al maestro de nuestro hijo, él lo hará. Indudablemente.

Un abrazo,
Fede

Hace unos días tuvimos el enorme placer de ser invitados al casamiento de Anabel y Álvaro, unos amigos que decidieron unirse en matrimonio. Para nosotros la alegría fue doble. Por un lado, saber que han dado un paso tan deseado por ellos, que se han encontrado el uno al otro y verlos tan contentos fue una bocanada de amor de esas que te hacen sentir feliz. Por otro lado, sólo había 30 invitados en total y ser parte de esos 30 nos hace sentir muy orgullosos y a la vez responsables de cuidar una amistad que evidentemente se ha fijado en nuestros corazones sin darnos cuenta. Tanto para nosotros como para ellos, casarse significa uno de los momentos más importantes en la vida de una pareja que vive el amor. Ser parte de ese momento es algo que no olvidaremos.

A todo este torbellino de emociones se sumó la excelente organización de todo. Dejamos a Matías con unos amigos y nos fuimos con el coche hasta Sevilla. Llegamos al hotel el viernes a las 21:15 y a toda velocidad nos fuimos a un hotel donde habían organizado un cóctel para que se conozcan todos los invitados. El hotel elegido estaba justo frente a la Giralda, donde nos asignaron una de las terrazas, combinación que supuso una vista que quita el hipo. Poco a pocos nos fuimos presentando mutuamente y pudimos conocer a todos los invitados. El cóctel estuvo muy bien, pero lo que más disfrutamos fue la compañía y las vistas.

El sábado por la mañana, después de desayunar, nos fuimos todos hasta la Iglesia. El plan era ir a esperar a los novios a su hotel y acompañarlos caminando hasta la Iglesia, pero una lluvia matinal un poco desagradable nos obligó a encontrarnos todos directamente en la Iglesia. La ceremonia fue muy emotiva. Sencilla, pero agradable. Afortunadamente la lluvia cesó y pudimos cumplir el resto del plan. Al salir de la Iglesia recorrimos las calles del casco antiguo de Sevilla en procesión, recibiendo los aplausos de la gente que nos veía pasar, parando a hacer fotos en algunos puntos históricos, como ser la propia Giralda. El recorrido finalizó en el restaurante.

El banquete tuvo lugar en un restaurante impecable. Las raciones eran las justas, no nos dejaron pesados como si nos hubiésemos dado un atracón. El servicio del restaurante también fue ejemplar, nos atendieron muy bien. Por si fuera poco, terminamos la jornada disfrutando de un tablao flamenco a las 12 de la noche, donde presenciamos cómo, a la luz de las velas, dos cantores honraban a la Virgen antes de empezar a cantar para el resto del público. La pasión que ponían entonando para la Virgen era sobrecogedora.

Realmente fue una verdadera alegría, sobretodo porque ellos dos fueron quienes más disfrutaron. Verlos tan contentos y enamorados es un placer y hace que todo se disfrute mucho más. Es una experiencia que no olvidaremos.

Saludos,
Fede