AvilaHace unas dos semanas, exactamente el sábado 12, nos fuimos a pasear por Ávila. Dimos con una oferta de una noche de hotel ahí y decidimos escaparnos para descansar, relajarnos y disfrutar un poco del paisaje castellano. Yo no había estado nunca en Ávila, a pesar de que la tengo a escasos 60 minutos de coche. Me gustó mucho el ambiente que se respira, la gente es sumamente tranquila, pausada, no tienen ese afán de velocidad de las grandes ciudades.

Lo pasamos muy bien. El hotel es espectacular y la ciudad está llena de historia. Recorrimos prácticamente todo el casco antiguo, subimos a la muralla, visitamos la catedral. Bueno, la catedral muy poco, porque ahora está de moda cobrar por entrar a las catedrales. En Madrid todavía es gratis, al igual que en Galicia. En el resto de España se está empezando a comercializar con estas visitas poco a poco. No sé exactamente en qué lugares está ocurriendo, pero parece que acabará apoderándose de todas las iglesias. No me parece mal, en definitiva las iglesias no dejan de ser un templo y los turistas se lo toman como un parque de diversiones. La última vez que estuve en Segovia lo pasé muy mal viendo como un grupo de adolescentes inadaptados juagaba con las armaduras del Alcázar. Jugaba literalmente, las movía, se hacían fotos pasándose los brazos por los hombros y esas cosas. Los guías y vigilantes se encargan de decir “por favor, no se puede tocar”… ¿Por favor? Yo no doy segunda oportunidad: a la primera, a la calle.

En Ávila no había mucha gente por suerte. Los restaurantes estaban llenos, pero no abarrotados. Eso es fundamental para disfrutar de la gastronomía de la zona, que me gustó mucho por cierto. Uno de los platos típicos que comimos fue “Patatas revolconas”. Es un puré de papas, con pimientos, pimentón y un poco de cebolla. Muy buena combinación. La atención en todos lados fue muy agradable también. Acá dejo unas fotos de nuestro paseo.

Un saludo,
Fede

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